domingo, 12 de julio de 2026

'El adversario' - Emmanuel Carrère


En esta entrada voy a hablaros de El adversario (originalmente, L'adversaire), un libro del escritor y cineasta francés Emmanuel Carrère (n. París, 1957) publicado originalmente en el año 2000. Digo "libro" porque no es una novela propiamente dicha, sino una especie de relato que cuenta unos hechos reales. Estos hechos, y también el libro, han servido como base argumental de tres películas: El empleo del tiempo (2001), El adversario (2002) y La vida de nadie (2002). La más fiel a los hechos reales y al libro es El adversario, que contó con la colaboración del propio Emmanuel Carrère, aunque es la peor valorada en FilmAffinity. En cualquier caso, las tres me parecen recomendables.

 


El 9 de enero de 1993, Jean-Claude Romand mató a su mujer, sus hijos, sus padres e intentó, sin éxito, darse muerte. La investigación reveló que no era médico, tal como pretendía, y, lo que es aún más difícil de creer, tampoco era otra cosa. Mentía desde los dieciocho años. A punto de verse descubierto, prefirió suprimir a aquellos cuya mirada no hubiera podido soportar. Fue condenado a cadena perpetua.


El adversario no es un libro que se preste mucho a un análisis vastísimo, ya que es poco extenso (184 páginas y 46.051 palabras, según Rakuten kobo) y tampoco es que contenga un aluvión de hechos y datos. El contenido del libro, en buena media, se basa en los archivos de la instrucción del caso, en los testimonios del juicio y en la correspondencia entre Romand y Carrère. Me hubiera gustado que Carrère hubiera hecho un trabajo más radial, ampliando el foco, y más profundo. Da la impresión de que buceó poco, que no hurgó mucho en la documentación de Romand y que no se entrevistó con mucha gente, por lo que la reconstrucción de la vida y la personalidad de Romand cojea por todos lados. Me pregunto, por ejemplo, por qué no hay testimonios de los profesores y compañeros que Romand tuvo en su infancia y adolescencia. Es evidente que hubieran ayudado a tener una radiografia más completa del perfil psicológico y biográfico del protagonista del libro. Miguel Ángel Bargueño escribió una biografía sobre Enrique Urquijo y en ella dice que desde el primer momento tuvo claro su objetivo: "no era contar qué hizo Enrique, sino cómo era Enrique". Para ello, consultó un montonazo de documentos y se entrevistó con muchísima gente. El resultado es un exhaustivo recorrido por la vida de Enrique (el libro suma 440 páginas y 151.970 palabras). ¿Por qué Carrère no hizo lo mismo? A mí me resulta inexplicable, especialmente teniendo en cuenta que él mismo no se corta al hablar de su gran interés por el caso. Pues no sé, a mí me ha parecido como si fuera un encargo editorial que Carrère ha cumplido para salir del paso.

Además, me ha resultado llamativo que el autor dé credibilidad a Romand en varios momentos. Por ejemplo: "A solas dentro de su coche, sollozaba y musitaba: «Quieren romperme la cara..., quieren romperme la cara...»". Pues hombre, si Romand estaba a solas, es evidente que esto solo lo puede saber él, y dar credibilidad a un hombre así (un mitómano y un impostor) resulta cuando menos atrevido y cuestionable. Aún más desconcertante resulta que Carrère se refiera a Romand como "el héroe de una tragedia, impelido por una oscura fatalidad a cometer actos que suscitan horror y piedad". Hombre, a ver, Romand es el villano de la tragedia. Se puede entender que Carrère lo dice por boca de Romand, poniéndose en su piel, pero, aun así, resulta desafortunado que emplee una palabra tan grande e inequívocamente positiva como "héroe". La supuesta "oscura fatalidad" ya sería tema de un debate entre filósofos. Y la "piedad" la podrá albergar y desarrollar un párroco, pero una persona seglar no sé qué piedad va a tener por un tipejo que mató a su mujer, a sus hijos (de solo 5 y 7 años) y a sus padres (y al perro de estos). Te has lucido, Emmanuel.

Hablando de cosas desconcertantes, hay un párrafo que sería como para copiar aquí íntegramente. Comienza de la siguiente manera: "El sexo es una de las grandes lagunas de esta historia". Un poco más adelante expone que es difícil imaginar que el matrimonio estuviera unido "por un lazo erótico muy dichoso; de haber sido así, su historia no habría sido la que fue". Pues hombre, dudo mucho que la mayoría de matrimonios compartan una vida sexual plena, y no por ello uno de los cónyuges acaba matando al otro, a sus hijos y a sus padres. Es, sencillamente, una tesis vergonzosa. Casi a continuación, Carrère parece levantar el dedito a los "cuatro pares de psiquiatras" que examinaron a Romand porque ninguno de ellos "trató de hacerle hablar algo más ni formuló hipótesis alguna sobre este aspecto". Pues nada, que no se examine a ningún asesino de Francia sin que el señor Carrère esté presente.

A título seguramente más anecdótico, decir que me ha llamado la atención un dato: Romand se matriculó doce años seguidos en segundo de Medicina. Es llamativo que se pudiera hacer tal cosa, pese a que estamos hablando de los años setenta y ochenta. Por otra parte, me ha hecho cierta gracia una confesión que hace Carrère sobre sí mismo: "no sé distinguir los pájaros ni los árboles, y me parece triste". Pues sí, a mí también me parece triste, pero va con el mundo en el que vivimos (me refiero a la Europa de las últimas décadas). De todos modos, y aunque huelgue decirlo, todos somos profundamente ignorantes. 

A mi entender, y dentro de la falta de profundidad ya mencionada, al libro le falta abundar en Corinne y su relación con Jean-Claude Romand. El final de este affaire roza lo esperpéntico, en parte por esto que comento. Pero es que también me hubiera agradado que Luc, el mejor amigo de Romand, hubiera tenido más presencia en el libro. Por no hablar de una supuesta chica que se suicidó en la época universitaria de Romand y que, de alguna manera, podría ser el detonante de toda la historia (o, dicho de otra manera, el gran punto de inflexión de la biografía de Romand). Pero Carrère no se cree esto, lo cual tampoco me extraña (Romand no quiere revelar su nombre), pero aquí hay dos cosas. La primera es que no sé muy bien por qué unas veces cree a Romand y otras veces no, ¿qué arbitrariedad es esa? La segunda es que, dando un poco de margen a Roman, digo yo que lo suyo es que el hombre que está escribiendo un libro sobre esta macabra historia intente hacer ciertas averiguaciones. No sé, preguntar a antiguos compañeros y profesores universitarios de Romand, comprobar si alguna alumna de esa facultad de medicina murió en aquellos días, etcétera. Aun suponiendo que la chica existiera, probablemente no fuera alumna de esa facultad, pero creo que el autor debería haberle puesto algo de intención.

Quisiera apuntar otras dos cosas en cuanto al contenido del libro. La primera de ellas va en la línea de lo comentado por un usuario de GoodReads (El Convincente Gon) en su reseña: me parece que Carrère, al conocer el caso, esperaba encontrarse con un hombre especialmente maquiavélico y brillante, un genio del engaño, una especie de perfecto antihéroe o villano de novela que escribiría el libro por él, pero se encontró con que Romand era un tipo gris, anodino, insustancial, patético, un tipo que realmente no importaba a nadie. Y, a partir de ahí, no supo abordar bien el reto de escribir un libro en torno a su figura. La segunda cosa es que creo que el propio Carrère tiene demasiado protagonismo en el libro. Es natural que el autor de un libro sobre algo así quiera comentar sus impresiones y el proceso de escritura, pero existen los prólogos y los epílogos, y, sobre todo, no sé qué interés tiene para el lector que nos hable de su empatía o no empatía o sus sentimientos de piedad o no piedad para con Romand. Si acaso hiciera alguna reflexión de interés, si en algún momento sorprendiera con una perspectiva interesante de los hechos..., pero el libro es un yermo páramo en este sentido. 

El libro no está mal escrito (aunque es algo anárquico en su narrativa), pero considero que no tiene nada de literario. No niego que esto es subjetivo, pues cada cual tiene su propia concepción de la literatura. Lógicamente, sería un poco largo argumentar mi posición. De todos modos, no culpo a Carrère en este aspecto, pues considero que es muy difícil que un libro de no ficción (una guía de campo, un libro de texto, un libro de autoayuda, etc.) pueda tener algo de literario. Si acaso se le podría acusar de no acertar con la tensión narrativa, pero ya digo que no me voy a poner exquisito con un libro de no ficción.

En definitiva, me parece un libro fallido, al que le falta oficio, dirección, empaque y profundidad. Dicho de otra manera, esta curiosa historia de truculento final daba para más. Porque, al final, si ya conocías un poco la historia (por Wikipedia, por la película o por lo que fuera), te quedas un poco igual. No queda muy claro por qué todo acabó como el rosario de la aurora, pese a que se destile que Jean-Claude Romand era un hombre gris, anodino, insustancial que de alguna manera acabó siendo oscuro (aunque luego se haya refugiado en la religión). Por tanto, recomendaría a los curiosos que tiren de Wikipedia o vean la película antes de leer el libro y que luego decidan si hacer o no esto último. Y a los no curiosos, que lean otra cosa. Considero que si este libro ha tenido éxito y buenas críticas es porque la historia es potente, sobre todo por su perverso final, y porque la gente ha llegado a él sin conocer gran cosa sobre la vida de Romand. 

Con todo, no suspendo el libro, pero más que nada porque la historia tiene su aquel. En mi opinión, es un libro de 5,5 (sobre 10) aproximadamente.


lunes, 29 de junio de 2026

'El informe de Brodeck' - Philippe Claudel

[literalmente, medio año después...]


En esta ocasión voy a reseñar El informe de Brodeck, novela del escritor y cineasta francés Philippe Claudel (n. 1962), que salió a la luz en 2007. Seguramente no es su novela más conocida, ya que es el autor de Almas grises (2003) y de La nieta del señor Linh (2005), pero a mí me llamó un poco más la atención la que protagoniza esta entrada. Por otra parte, he tenido la oportunidad de ver la película Hace mucho que te quiero (2008), escrita y dirigida por Claudel. Tiene una nota media de 7,1 en FilmAffinity, pero debo decir que a mí no me convenció mucho. Digamos que la trama gira en torno a cierto enigma (por qué la protagonista hizo lo que hizo) que, por supuesto, se revela a última hora. El problema, en mi opinión, es que no resulta congruente con lo que se nos ha contado hasta entonces.



Apenas ha transcurrido un año desde el final de la Segunda Guerra Mundial cuando un asesinato rompe la tranquilidad de un pequeño pueblo perdido en las montañas. El único extranjero del lugar, a quien llaman De Anderer (El Otro, en alemán), ha sido asesinado y todos los hombres de la localidad se confiesan autores del crimen. El herrero ordena a Brodeck, el único hombre del pueblo que tiene estudios, y que es ajeno al asesinato, que redacte un informe sobre lo sucedido "para que quienes lo lean puedan comprender y perdonar". Brodeck, que trabaja para la Administración Central redactando documentos sobre la flora y la fauna de la región, se ve obligado a aceptar el siniestro encargo. Los testimonios de unos y de otros reconstruyen la vida del Otro desde su llegada, pero remueven asimismo sucesos del pasado, de un tiempo que Brodeck querría olvidar. Poco a poco, Brodeck reúne las piezas y descubre una verdad que no sólo concierne al extranjero, sino que los amenaza a él y a su familia.

 

Antes de nada y como curiosidad, quiero mencionar que hay un cuento de Borges titulado El informe de Brodie (también da nombre al libro que lo incluye). Evidentemente, resulta un tanto llamativo que la novela de Claudel se titule de una manera tan similar, pero no sé si es casualidad o si hay algún tipo de guiño ahí. Como no he leído el cuento del escritor argentino, cosa que debería haber hecho, no puedo buscar similitudes.

El informe de Brodeck es una novela que contrasta una trama sombría y dura, plagada de penurias, con una prosa que tiende al preciosismo (en cursiva, pues no lo digo peyorativamente). En este sentido, puede recordar a La familia de Pascual Duarte, pero habría que matizar esto. La prosa de la novela de Cela, dentro de su notabilísima estética (no se puede escribir mejor), me parece menos preciosista. Relacionado con ello, cabe decir que es una novela de un realismo más sucio, ya que la de Claudel, pese a ser igualmente tremendista, está plagada de pinceladas bucólicas. Pero aquí también hay un contraste, puesto que los habitantes del pueblo no son precisamente encantadores, sino más bien hostiles. En este punto, la novela recuerda a películas como Perros de paja, El hombre de mimbre o As bestas, puesto que también tienen como leitmotiv la hostilidad de unos pueblerinos para con un forastero.

La narración me ha parecido lenta, con poca tensión narrativa y con unos saltos temporales un poco sin ton ni son. Es decir, dan un contexto más o menos importante, pero diría que con cierto desorden, resultando una novela un tanto deslabazada. En un momento dado [capítulo 16], el narrador (el propio Brodeck) se excusa diciendo que tiende a ir de aquí para allá en su narración porque él no es escritor. Una buena excusa para el propio Claudel. Además, como digo, me parece que la novela concatena demasiada fatalidad/calamidad (uso estas dos palabras como comodín). Hay cierta tendencia a considerar como buena una novela dura, pero esto es un error. Tiene que haber un equilibrio. Dicho de otra manera: la fatalidad/calamidad debe estar justificada. Por ejemplo, ¿es necesario que todos los habitantes del pueblo sean unos cabrones? O esto otro: "Los dos veranos anteriores, de un calor asfixiante, habían agostado la casi totalidad de los cultivos de las llanuras que rodeaban la ciudad. A diario se veían llegar enjambres de campesinos arruinados y consumidos, que posaban la mirada perdida en todo como si fueran a robarlo." [cap. 25]. Por lo que he buscado, en Europa no se dio tal situación en los años 30 (en principio, aunque la novela es un tanto alegórica, situaríamos dichos veranos en esa década). Entonces, ¿por qué Claudel se saca esto de la manga? ¿Para hacer la novela más dura, más calamitosa? ¿De verdad es necesario? Siendo benévolos, se podría pensar que es un homenaje a la magnífica novela Las uvas de la ira, pero hay que decir que Steinbeck sí se basó en hechos reales (el llamado Dust Bowl y la Gran Depresión). 

Antes he comentado que la prosa (buena, en líneas generales) tiende al preciosismo, en el buen sentido. Pero ahora quiero poner un miniextracto del libro donde vemos un ejemplo de preciosismo que, a mi entender, es preciosismo puro, sin cursiva (o sea, pasado de rosca): "Era como si hubieran sembrado puñados de piedras preciosas, que conferían a la calleja un aspecto rutilante, insólito, mágico, y la asemejaban a un escenario de cuento." [cap. 26]. ¿Piedras preciosas? ¿Aspecto mágico? ¿Escenario de cuento? Pues eso, preciosismo, pretenciosidad. Ya que estamos, aprovecho el párrafo para poner otro ejemplo donde entiendo que a Claudel se le va la mano con su prosa: "En la plaza Salzwach y la avenida Sibelius-Vo-Rech, la nieve ya había cuajado en el suelo, y los escasos viandantes dejaban en ella las negras marcas de su marcha insectil." [cap. 26]. ¿Marcha insectil? ¿Estoy leyendo El informe de Brodeck o una secuela de La metamorfosis?

Dicho sea de paso, la novela cuenta con profusión de unos elementos no muy habituales en las novelas: los topónimos. Es especialmente remarcable porque son topónimos ficticios, o eso creo: río Staubi, meseta del Haneck, picos de los Prinzhornï, prados del Bourenkopf, bosque de Borensfall, claro del Lichmal, peñas de los Tizenthal, la Lingen (una roca), etc. Esta profusión no me ha disgustado porque a mí me interesan bastante los topónimos (para muestra, un botón), aunque considero que hubiera estado bien tener un poco de contexto etimológico o histórico de los mismos. Por otra parte, me ha parecido una novela más bien rica en cuanto a léxico, con palabras como "aguazales" [cap. 23].

A modo de anécdota, decir que me ha llamado la atención leer esta expresión que transcribo de manera literal: "[...] la pregunta que me quedaba en los labios" [cap. 22]. Me ha llamado la atención porque el escritor suizo y francófono Joël Dicker la utiliza diversas veces en El caso Alaska Sanders, publicado quince años más tarde. Otra expresión que me ha llamado la atención es esta: "[...] estoy mal de la azotea" [cap. 34]. No sé, no parece una expresión que emplearía alguien de un pueblecito de montaña en los años 40. Es verdad que Brodeck estudió en la ciudad, pero, aun así, chirría.

Respecto al desenlace, decir que no me ha cautivado. En realidad, teniendo en cuenta que la sinopsis comercial ya menciona el momento cumbre de la trama (el asesinato del Anderer), hay poco que rascar en el conjunto de la novela. El final, por tanto, difícilmente podía ser brillante o especialmente evocador.

En fin, había sacado algunos otros extractos de la novela para mencionarlos y comentarlos aquí, pero tampoco me quiero enrollar. Resumiendo, me ha parecido una novela bien escrita, más o menos sólida, pero que no me ha convencido (ojo, a 29/6/2026 tiene un 4,16 sobre 5 en GoodReads). En mi opinión, y haciendo esta cosa un poco ridícula de poner nota a un libro, es una novela de 5,5-6 sobre 10. 

[Con un poco de suerte, traeré una nueva reseña en julio. En principio, por tercera reseña consecutiva, será sobre un libro francés. Cosas de la vida.]