[literalmente, medio año después...]
En esta ocasión voy a reseñar El informe de Brodeck, novela del escritor y cineasta francés Philippe Claudel (n. 1962), que salió a la luz en 2007. Seguramente no es su novela más conocida, ya que es el autor de Almas grises (2003) y de La nieta del señor Linh (2005), pero a mí me llamó un poco más la atención la que protagoniza esta entrada. Por otra parte, he tenido la oportunidad de ver la película Hace mucho que te quiero (2008), escrita y dirigida por Claudel. Tiene una nota media de 7,1 en FilmAffinity, pero debo decir que a mí no me convenció mucho. Digamos que la trama gira en torno a cierto enigma (por qué la protagonista hizo lo que hizo) que, por supuesto, se revela a última hora. El problema, en mi opinión, es que no resulta congruente con lo que se nos ha contado hasta entonces.
Apenas ha transcurrido un año desde el final de la Segunda Guerra Mundial cuando un asesinato rompe la tranquilidad de un pequeño pueblo perdido en las montañas. El único extranjero del lugar, a quien llaman De Anderer (El Otro, en alemán), ha sido asesinado y todos los hombres de la localidad se confiesan autores del crimen. El herrero ordena a Brodeck, el único hombre del pueblo que tiene estudios, y que es ajeno al asesinato, que redacte un informe sobre lo sucedido "para que quienes lo lean puedan comprender y perdonar". Brodeck, que trabaja para la Administración Central redactando documentos sobre la flora y la fauna de la región, se ve obligado a aceptar el siniestro encargo. Los testimonios de unos y de otros reconstruyen la vida del Otro desde su llegada, pero remueven asimismo sucesos del pasado, de un tiempo que Brodeck querría olvidar. Poco a poco, Brodeck reúne las piezas y descubre una verdad que no sólo concierne al extranjero, sino que los amenaza a él y a su familia.
Antes de nada y como curiosidad, quiero mencionar que hay un cuento de Borges titulado El informe de Brodie (también da nombre al libro que lo incluye). Evidentemente, resulta un tanto llamativo que la novela de Claudel se titule de una manera tan similar, pero no sé si es casualidad o si hay algún tipo de guiño ahí. Como no he leído el cuento del escritor argentino, cosa que debería haber hecho, no puedo buscar similitudes.
El informe de Brodeck es una novela que contrasta una trama sombría y dura, plagada de penurias, con una prosa que tiende al preciosismo (en cursiva, pues no lo digo peyorativamente). En este sentido, puede recordar a La familia de Pascual Duarte, pero habría que matizar esto. La prosa de la novela de Cela, dentro de su notabilísima estética (no se puede escribir mejor), me parece menos preciosista. Relacionado con ello, cabe decir que es una novela de un realismo más sucio, ya que la de Claudel, pese a ser igualmente tremendista, está plagada de pinceladas bucólicas. Pero aquí también hay un contraste, puesto que los habitantes del pueblo no son precisamente encantadores, sino más bien hostiles. En este punto, la novela recuerda a películas como Perros de paja, El hombre de mimbre o As bestas, puesto que también tienen como leitmotiv la hostilidad de unos pueblerinos para con un forastero.
La narración me ha parecido lenta, con poca tensión narrativa y con unos saltos temporales un poco sin ton ni son. Es decir, dan un contexto más o menos importante, pero diría que con cierto desorden, resultando una novela un tanto deslabazada. En un momento dado [capítulo 16], el narrador (el propio Brodeck) se excusa diciendo que tiende a ir de aquí para allá en su narración porque él no es escritor. Una buena excusa para el propio Claudel. Además, como digo, me parece que la novela concatena demasiada fatalidad/calamidad (uso estas dos palabras como comodín). Hay cierta tendencia a considerar como buena una novela dura, pero esto es un error. Tiene que haber un equilibrio. Dicho de otra manera: la fatalidad/calamidad debe estar justificada. Por ejemplo, ¿es necesario que todos los habitantes del pueblo sean unos cabrones? O esto otro: "Los dos veranos anteriores, de un calor asfixiante, habían agostado la casi totalidad de los cultivos de las llanuras que rodeaban la ciudad. A diario se veían llegar enjambres de campesinos arruinados y consumidos, que posaban la mirada perdida en todo como si fueran a robarlo." [cap. 25]. Por lo que he buscado, en Europa no se dio tal situación en los años 30 (en principio, aunque la novela es un tanto alegórica, situaríamos dichos veranos en esa década). Entonces, ¿por qué Claudel se saca esto de la manga? ¿Para hacer la novela más dura, más calamitosa? ¿De verdad es necesario? Siendo benévolos, se podría pensar que es un homenaje a la magnífica novela Las uvas de la ira, pero hay que decir que Steinbeck sí se basó en hechos reales (el llamado Dust Bowl y la Gran Depresión).
Antes he comentado que la prosa (buena, en líneas generales) tiende al preciosismo, en el buen sentido. Pero ahora quiero poner un miniextracto del libro donde vemos un ejemplo de preciosismo que, a mi entender, es preciosismo puro, sin cursiva (o sea, pasado de rosca): "Era como si hubieran sembrado puñados de piedras preciosas, que conferían a la calleja un aspecto rutilante, insólito, mágico, y la asemejaban a un escenario de cuento." [cap. 26]. ¿Piedras preciosas? ¿Aspecto mágico? ¿Escenario de cuento? Pues eso, preciosismo, pretenciosidad. Ya que estamos, aprovecho el párrafo para poner otro ejemplo donde entiendo que a Claudel se le va la mano con su prosa: "En la plaza Salzwach y la avenida Sibelius-Vo-Rech, la nieve ya había cuajado en el suelo, y los escasos viandantes dejaban en ella las negras marcas de su marcha insectil." [cap. 26]. ¿Marcha insectil? ¿Estoy leyendo El informe de Brodeck o una secuela de La metamorfosis?
Dicho sea de paso, la novela cuenta con profusión de unos elementos no muy habituales en las novelas: los topónimos. Es especialmente remarcable porque son topónimos ficticios, o eso creo: río Staubi, meseta del Haneck, picos de los Prinzhornï, prados del Bourenkopf, bosque de Borensfall, claro del Lichmal, peñas de los Tizenthal, la Lingen (una roca), etc. Esta profusión no me ha disgustado porque a mí me interesan bastante los topónimos (para muestra, un botón), aunque considero que hubiera estado bien tener un poco de contexto etimológico o histórico de los mismos.
A modo de anécdota, decir que me ha llamado la atención leer esta expresión que transcribo de manera literal: "[...] la pregunta que me quedaba en los labios" [cap. 22]. Me ha llamado la atención porque el escritor suizo y francófono Joël Dicker la utiliza diversas veces en El caso Alaska Sanders, publicado quince años más tarde. Otra expresión que me ha llamado la atención es esta: "[...] estoy mal de la azotea" [cap. 34]. No sé, no parece una expresión que emplearía alguien de un pueblecito de montaña en los años 40. Es verdad que Brodeck estudió en la ciudad, pero, aun así, chirría.
Respecto al desenlace, decir que no me ha cautivado. En realidad, teniendo en cuenta que la sinopsis comercial ya menciona el momento cumbre de la trama (el asesinato del Anderer), hay poco que rascar en el conjunto de la novela. El final, por tanto, difícilmente podía ser brillante o especialmente evocador.
En fin, había sacado algunos otros extractos de la novela para mencionarlos y comentarlos aquí, pero tampoco me quiero enrollar. Resumiendo, me ha parecido una novela bien escrita, más o menos sólida, pero que no me ha convencido (ojo, a 29/6/2026 tiene un 4,16 sobre 5 en GoodReads). En mi opinión, y haciendo esta cosa un poco ridícula de poner nota a un libro, es una novela de 5,5-6 sobre 10.
[Con un poco de suerte, traeré una nueva reseña en julio. En principio, por tercera reseña consecutiva, será sobre un libro francés. Cosas de la vida.]