domingo, 22 de noviembre de 2020

'Factótum' - Charles Bukowski


En esta entrada os voy a hablar de la novela Factótum, de Charles Bukowski, una novela de bastante poca extensión (demasiado poca, a mi juicio) publicada originalmente en 1975. A mí me suena que ya la había leído hace tiempo (como Cartero, Mujeres y La senda del perdedor), aunque lo cierto es que la he (re)leído estas últimas semanas. También he visto –incluso dos veces– la película homónima, que a mí me gustó bastante, pese a que no es demasiado fiel a la novela (algunas escenas sí).


SINOPSIS (Fuente: quelibroleo.com):

En esta novela autobiográfica de sus años de juventud, el autor nos describe la vida de su alter ego Henry Chinaski saltando de un empleo a otro, todos sórdidos, duros, sin sentido, emborrachándose a muerte, con la obsesión de follar, intentando materializar su vida de escritor y nos ofrece una visión brutalmente divertida y melancólicamente horrorizada de la ética del trabajo, de cómo doblega el «alma» de los hombres. Se ha dicho que Bukowski con su prosa lacónica, escueta y contundente como un uppercut es el novelista atroz de la gran selva urbana, de los desheredados, las prostitutas, los borrachos, los desechos humanos del Sueño Americano a nivel del arroyo, y se le ha comparado con Henry Miller, Céline y Hemingway. La obra fue adaptada al cine por Bent Hamer con Matt Dillon como protagonista, la película no está basada totalmente en la novela Factótum sino que se nutre de la misma y de otros cuentos de Charles Bukowski para componer la historia.


El protagonista de la historia, como en otras obras de Bukoswki, es un hombre –en este caso, joven– llamado Henry Chinaski. Como hemos visto en la sinopsis, a Chinaski se le considera un alter ego del propio Bukowski. Es decir, debemos pensar que, más allá de algunos artificios y algunas licencias, Factotum es Bukowski hablándonos de su juventud.

Para ser más estrictos, básicamente nos encontramos con un informe de la vida laboral de Chinaski/Bukowski durante, ya digo, su juventud. El título ya nos da una pista de esto, pero realmente hay muchísimos trabajos, y muy variados. Es interesante adentrarse en esas empresas y en ese mundo laboral que, en general, resulta un tanto deprimente. Aparte de eso, nos encontramos con escenas sexuales, alcohólicas e incluso escatológicas descritas sin tapujos.

Sin embargo, no hay una gran trama o al menos no una compleja, así que no me parecería raro que alguien definiera esta novela como aburrida y/o vacía. Sin embargo, muchas de las escenas y muchos de los diálogos tienen un fondo interesante. Hay incluso brillantez en algunas escenas y sobre todo en algunos diálogos, como el que mantienen Chinaski y un compañero de trabajo en el coche de éste (bien retratado en la película homónima).

Tal vez a alguien le aburra tanto sobre Chinaski y quisiera adentrarse más en otros personajes, pero aquí no tenemos eso. Estamos ante una novela en primera persona básicamente volcada en explicar unas vivencias propias. En este sentido, tendría bastante que ver con El guardián entre el centeno, con la que además comparte país (Estados Unidos) y época (posguerra de la IIGM). Dicho sea de paso, ambos protagonistas se encuentran un tanto perdidos, desmoralizados, apartados en buena medida de la sociedad.

En cualquier caso, hay otro personaje con un peso notable en la novela: Jan. Chinaski, en buena parte de la novela, arrastra con ella una relación seguramente bastante basada en el sexo y en la huida de la soledad, aunque me parece más o menos evidente que hay amor entre ambos y algo de admiración mutua. Ambos sienten cierta animadversión para con la sociedad y se refugian en el alcohol. A mí me dio la sensación de que solo son felices estando juntos, de que se necesitan. 

Me parece una pena que Bukowski se olvide de ella, excepto para hacernos saber su destino 'final', en la última parte de la novela. Entonces la novela se convierte demasiado en ese informe de la vida laboral de Chinaski/Bukowski, hablándonos de tal y tal trabajo. Me hubiese gustado saber, a poder ser por medio de algunas escenas, qué lleva a Jan a dar ese cambio de rumbo a su vida. 

En cuanto a la prosa que emplea aquí Bukowski (padre del realismo sucio), decir que está en su línea habitual. Por decirlo de algún modo, ni es Nabokov ni Steinbeck, y tampoco pretende serlo. Su prosa es, a diferencia de los autores anteriormente mencionados, descarnada y alejada de artificios. Pero está bien, es lo suficientemente buena y además creo que casa bien con las vivencias que cuenta.

Como valoración final, decir que me ha gustado la novela, aunque ya digo que me hubiese gustado más extensión y que explicara más cosas de su vida y su entorno. Dicho de otro modo, me parece que abarca demasiado tiempo para volcarlo en tan pocas páginas. A mí me parece una novela de 7 sobre 10.

¡Gracias por la lectura!


domingo, 8 de noviembre de 2020

'La conjura de los necios' - John Kennedy Toole


En esta entrada voy a tratar La conjura de los necios, novela del escritor estadounidense John Kennedy Toole (1937-1969). Fue publicada originalmente, aunque de manera póstuma, en 1980.


SINOPSIS (extracto de quelibroleo.com):

Resulta imposible resumir la trama picaresca y siempre sorprendente de esta obra, ambientada en Nueva Orleans y sus bajos fondos. Su figura central es uno de los personajes más memorables de la literatura norteamericana: Ignatius Reilly –una mezcla de Oliver Hardy delirante, Don Quijote adiposo y Tomás de Aquino perverso, reunidos en una persona–, que vive a los 30 años con su estrafalaria madre, ocupado en escribir una extensa y demoledora denuncia contra nuestro siglo, tan carente de «teología y geometría» como de «decencia y buen gusto»; un alegato desquiciado contra una sociedad desquiciada. Por una inesperada necesidad de dinero, se ve «catapultado en la fiebre de la existencia contemporánea» embarcándose en empleos y empresas de lo más disparatado.


La historia que envuelve esta novela es bien conocida, si bien gracias al prólogo podemos profundizar en ella. En cualquiera caso, podríamos resumirla diciendo que John Kennedy Toole se suicidó a los treinta y un años, once años antes de que, gracias a los esfuerzos de su madre, se publicara la novela. Esto ocurrió en 1980. Un año más tarde ganó el Pulitzer. Hoy en día se considera una novela de culto.

Se trata de una novela un tanto extraña y delirante, repleta de situaciones forzadas o directamente absurdas. Tiene algo de cuento, de cuento para adultos (o como mínimo adolescentes). También, dicho sea de paso, de obra de teatro. Uno no sabe muy bien si lo que está leyendo es algo mediocre o quizá incluso penoso o, si por el contrario, está ante una genialidad. Algunos dicen que no tiene trama, pero no estoy de acuerdo. Hay multitud de situaciones y escenas que lógicamente conforman una historia. Simplemente, es una trama diferente a lo habitual, hecha casi a base de 'gags'. Otros definen la novela como comedia, y tiene bastante de ello, aunque a mí me cuesta aplicarle ese término. Enlazando con esto, hay quien dice que te ríes a carcajadas. No es mi caso, pese a que sí hubo unas cuantas cosas que me parecieron graciosas.

En cuanto a la forma, a la prosa que vierte el autor, hay que decir que poca mácula tiene. Es decir, la novela está muy bien escrita. Sin embargo, si nos vamos al contenido, a lo que cuenta, no puedo ser tan benevolente. ¿Por qué? Bueno, me parece que es una novela irregular, mezclando pasajes muy válidos -la mayoría- con pasajes mediocres, algo aburridos y tal vez prescindibles. Irremediablemente, esto afecta bastante al conjunto de la novela.

La obra gira en torno a un personaje llamado Ignatius J. Reilly, un hombre ya entrado en la treintena. Aún así, vive con su madre, con quien arrastra una relación de amor-odio bastante desarrollada. Ignatius es muy gordo, viste mal o al menos de forma un tanto curiosa y está bastante dotado para los eructos (menciona continuamente la válvula pilórica). También es excéntrico, inteligente y aparentemente culto (todo apunta a que lo es, pero no profundizamos tanto en él como para darlo por hecho). Seguramente también se le adapten bien los siguientes adjetivos: cínico, pedante, presuntuoso. A mí me parece un personaje carismático.

Sobre el resto de personajes no creo que merezca mucho ahondar, pues básicamente hacen su función en ese 'circo' conformado alrededor de Ignatius, y encima creo que algunos de ellos no están del todo bien trabajados. Si bien, señalar que destacan Irene, la ya mencionada madre, y Myrna Minkoff, una joven subversiva con la que Ignatius tuvo 'algo'. Pero no destacan tanto por su carisma como por las sendas -y relativamente similares- relaciones que arrastran con Ignatius. En cualquier caso, los personajes entran y salen para luego repetir ese proceso; o sea, como en una obra de teatro. Al final, los personajes coinciden tanto en tiempo y lugar que Nueva Orleans parece ser algo así como una comunidad de vecinos. Esto, claro, también resta calidad a la obra.

Me ha gustado, en cambio, la crítica social que destila continuamente. Tal vez sea sutil y liviana, pero es machacante. Las frases afiladas de Ignatius, las cartas de Myrna, el cometido del personaje policía, las palabras del personaje negro, la obsesión de uno de los personajes con el comunismo...

Sobre el desenlace de la novela, y sin entrar lógicamente en detalles, decir que me ha parecido que el autor 'cierra' la historia de forma no excesivamente brillante pero sí bastante decente y sólidamente. Podría resultar poca cosa, pero más que nada porque no es un final cerrado como el del típico best-seller parido aproximadamentre a partir del 2008. Tal vez John Kennedy Toole hubiese querido continuar la historia, narrar más andanzas de Ignatius, pero supongo que nunca lo sabremos. Por otra parte, también percibo en el desenlace ese regusto a cuento.  

Resumiendo: me parece una buena novela, no una obra maestra (aunque si la leo en años venideros mi percepción podría cambiar, claro). Si hubiese que ponerle una nota, esta sería un 7.

sábado, 17 de octubre de 2020

'La verdad sobre el caso Harry Quebert' - Joël Dicker

[Pese a que he leído muchas novelas en este tiempo, hacía siglos que no escribía una crítica. Tal vez ninguna novela me haya acabado de generar esas ganas, no lo sé, pero ya tocaba hacer una. Si veo que la respuesta es buena es probable que me anime a hacerlas con más asiduidad, así que petar el blog].

Bien, hoy vamos a hacerle la autopsia a una novela que lleva unos cuantos años leyéndose profusamente a lo largo y ancho del mapamundi. Hoy vamos a hablar de La verdad sobre el caso Harry Quebert, del escritor suizo y francófono Joël Dicker (Ginebra, 1985), publicada originalmente en 2012.

Sinopsis (de la editorial):
Quién mató a Nola Kellergan es la gran incógnita a desvelar en esta incomparable historia policiaca cuya experiencia de lectura escapa a cualquier intento de descripción. Intentémoslo: Una novela de suspense a tres tiempos —1975, 1998 y 2008— acerca del asesinato de una joven de quince años en la pequeña ciudad de Aurora, en New Hampshire. En 2008, Marcus Goldman, un joven escritor, visita a su mentor —Harry Quebert, autor de una aclamada novela— y descubre que éste tuvo una relación secreta con Nola Kellergan. Poco después, Harry es arrestado y acusado de asesinato al encontrarse el cadáver de Nola enterrado en su jardín. Marcus comienza a investigar y a escribir un libro sobre el caso. Mientras busca demostrar la inocencia de Harry, una trama de secretos sale a la luz. La verdad sólo llega al final de un largo, intrincado y apasionante recorrido.

Como ya sabemos de qué va, empezaré diciendo que me ha parecido una buena novela, bastante bien trabajada, relativamente compleja, válida para el lector medio de novela policiaca y thrillers. Una de las cosas más llamativas es que hay un montón de giros argumentales, sobre todo en la parte final, y me atrevería a decir que la mayoría de ellos están bien construidos y son más o menos congruentes. La prosa, seguramente sin ser brillante, es consistente.

Sin embargo, está bastante lejos de ser una novela redonda. O dicho de otro modo: si escarbas, se le ven las costuras.

Para empezar, la historia entre Harry y Nola es bastante Lolita (aunque vaya por otros derroteros), demasiado, incluso con eso de “N-O-L-A”. Es cierto que puede ser un guiño, que al autor homenajee esa novela porque le haya marcado, así como también a Harry. Pero ya digo: me parece demasiado. En relación a esto, he leído a gente decir que el autor hace apología de la pedofilia (Nola tiene 15 años; Harry, 34...), pero yo también escribo ficción y los personajes son los personajes y yo soy yo. En cualquier caso, es opinable.

Algo que cansa un poco es el ir y venir de fechas, dando la sensación de que el autor quiere marearnos. Eso tiene bastante peso en el hecho de que buena parte de la novela resulte un punto tediosa. También sucede eso porque me temo que al libro le sobra paja. Vamos, que la novela seguramente se podría haber aligerado bastante —en cuanto a páginas— y el resultado global hubiese sido mejor.

Luego es que son bastantes cosas.

Primero: los personajes. Marcus, nuestro Marcus. Bueno, a ver, no está mal, pero tampoco es que sea un personaje demasiado carismático o magnético, aunque parece que el autor quiera hacernos creer que sí, con ese rollo de El Formidable y demás. Pero nada, que ni frío ni calor, ni fu ni fa. Hay una canción de José María Granados ("Nada más"), bien versionada por Los Secretos, que dice: “[...] no quiero que por mí sientas indiferencia, es vulgar...”. Pues eso. Siguiendo con otros personajes, tampoco se acaba de entender muy bien esa devoción de Nola por Harry, ni la de Jenny. ¿Tan apuesto es Harry? ¿Tan magnético es? No sé, en la novela no lo demuestra. Me pregunto si yo, un hombre heterosexual, también me hubiese enamorado de él en aquel lejano 1975.

Peor es el hecho de que algunos personajes sean demasiado extremos, caricaturescos, como la madre de Marcus (piensa que su hijo es homosexual y no para de dar la matraca con eso). Por no hablar de los padres de Jenny, quizá especialmente el padre (la madre tiene su parecido con la de Marcus, como si el autor se hubiese inspirado en su propia madre para dibujar esos personajes). Pero quizá el que se lleve la palma sea el indescriptible Luther. Nola también es un personaje un tanto forzado, pero bueno. Por otra parte, como un poco a la contra de varios de los personajes, el policía Gahalowood es demasiado típico, como de película made in USA hecha con piloto automático. También hay algún personaje que está como de atrezzo, como el tal Erne Pinkas (curiosamente olvidado en la parte final de la novela).

Tal vez peor que algunos personajes sean algunos hechos, que son ciertamente peliculeros, demasiado poco realistas y más bien hechos para poder sorprender al lector y sobre todo para liarlo, para llevarlo aquí y allá, para desorientarlo (vuelvo a usar este verbo). El cuadro, la felación (escena muy similar a la que escribió Paul Auster en Brooklyn follies), el mensaje en el espejo, el extraño viaje de Harry a Canadá en el momento 'oportuno', que cierto conductor conduzca demasiado rápido en otro momento 'oportuno' y haya un policía por allí con ganas de pararlo, etcétera, etcétera. Incluso el tema cartas, algo mollar en la novela, es raro y además tiene poco sentido, sobre todo cuando se descubre qué hay detrás (¿Harry y Nola nunca hablaban de lo que se escribían?). Eso sí, he aprendido que allá por 1975 no eras nadie en Estados Unidos si no tenías un Monte Carlo. Ojo al tema de la foto de cierto personaje con ese coche.

Pero la novela gira entorno a la desaparición-muerte de Nola. Ojo, en un bosque y además siendo perseguida por alguien. Nada típico, ¿verdad? ¿Como de película de Scary Movie? Nooo, para nada. No sé, hay una novela de Harlan Coben que se titula El bosque y va de asesinatos y desapariciones de adolescentes ocurridas décadas atrás en un bosque de EE.UU. Y hasta ahí puedo leer. También está Mystic River, del solvente Dennis Lehane (que en su última novela, por cierto, también se deleita con esto de las persecuciones en bosques), o incluso en la década anterior alguna de las geniales novelas de John Sandford (dejadme decir que llama la atención que tan gran novelista aquí en España sea tan poco conocido). Por no hablar de películas o series.

Hablando de películas, me ha molestado un poco el aire que, a mi juicio, imprime el autor a la novela en el sentido de buscar llevarla al cine. Que un europeo lleve a Estados Unidos una historia que, a grandes rasgos, bien podría suceder en Europa es cuando menos curioso (¿Joël Dicker espera que Clint Eastwood haga una adaptación cinematográfica?). En cualquier caso, de algún modo, es como si el señor Dicker estuviera escribiendo un guion y no una novela. Deja caer, por ejemplo, que se han vendido los derechos cinematográficos del libro de Marcus. Hablando de Marcus y de cosas que molestan, el susodicho lo sabe todo, incluso cosas que no puede saber porque ni estaba allí (ni siquiera había nacido en 1975) ni nadie pudo contárselo. Ejemplo claro es esa 'aparición' que se presenta a Nola en el bosque (algo también peliculero, por cierto). No sé, el autor debería haber apuntalado bien eso: si decides que todo nos lo cuenta Marcus, no puedes hacer de escritor omnipotente. Es un error de bulto.

En cuanto al final, y sin ahondar apenas en él, decir que me ha resultado poco brillante y apenas llamativo, sin de alguna manera justificar toda la extensión de la novela ni los numerosos giros (tampoco, claro, su aura de best-seller). Me ha dejado frío. Tal vez el autor ya estaba cansado de tanto rollo —un poco como yo como lector— y remató la historia como pudo.

Yo también voy a ir acabando. ¿Qué me queda? Las frases de Harry de cada inicio de capítulo. Ay, esas frases... A ver, son casi irrisorias, sobre todo cuando al final te enteras de que son 31 por un motivo un tanto curioso y rayando lo absurdo. Parece claro que el autor remató la faena una vez acabada la novela, sin tener eso pensado de inicio. “Me han salido 31 capítulos, así que son 31 frases, así que...”. Más gracioso es que Harry vaya ofreciendo a Marcus las frases como píldoras durante años y que incluso le regale una grabadora para que las inmortalice, como si fueran pepitas de oro o algo así. Falta un: “Marcus, ¡sin mis frases ultraprofundas y forjadestinos no serás nadie!”. Lo peor es que Marcus también lo creería. Bueno, y ya puestos, decir que la relación entre los dos es cuando menos llamativa.

¡Ah, se me olvidaban esos estertores de libro! Cuando Marcus, tras demostrar una vez más su devoción por Harry, dice que parte en busca del amor. Mierda, me debí perder el capítulo de First Dates en el que salió. En fin, bastante cómico.

En definitiva, es mejor que otros thrillers que igualmente se han hecho muy famosos en lo que va de siglo, como La chica del tren, pero es una pena que el autor —que creo que ha hecho un gran esfuerzo— no haya sabido crear una obra maestra teniendo a su disposición todos los elementos para ello. Recomendable, pero poco más. Como de 6.

[Me habré dejado cosas, pero yo ya me estaba aburriendo; no me quiero imaginar vosotros. Así pues, ya está bien por hoy. Gracias por la lectura y disculpad que por razones varias a este post le falta algo de acabado, en el sentido de que casi no he usado cursivas y demás cosillas de estas].

sábado, 18 de febrero de 2017

'Terapia' - Sebastian Fitzek

En esta entrada voy a hablar de la novela Terapia (Die therapie, 2006), la opera prima del escritor alemán Sebastian Fitzek (Berlín, 1971). Se trata de una novela relativamente corta y que podríamos definir como "novela de intriga/suspense" o como "thriller psicológico". Y, dicho sea de paso, con una crítica favorable brutal. Eso sí, llamadme quisquilloso, pero no entiendo muy bien por qué el título se ha traducido como "Terapia" y no como "La terapia". De todos modos, no sé, quizá en Hispanoamérica sí se ha incluido ese artículo.


SINOPSIS:
Ni testigos ni pistas ni cadáver. Josy, la hija de doce años del conocido psiquiatra Viktor Larenz, desaparece en misteriosas circunstancias de la consulta del médico que la trata de una extraña enfermedad. Cuatro años después, Viktor, sumido en una profunda tristeza, se ha retirado a una remota casa en una isla del Mar del Norte. Allí lo localiza una hermosa desconocida que padece alucinaciones: ve constantemente a una niña pequeña, una niña que padece una extraña enfermedad y que desaparece de la consulta del médico sin dejar rastro. Viktor inicia entonces un tratamiento con la desconocida, pero la terapia se convierte paulatinamente en un dramático interrogatorio… 


El libro empieza un poco por todo lo alto, lejos de esos inicios calmos, reposados, de las novelas del gran Dennis Lehane (ya sabéis que es mi escritor favorito). No hay una introducción propiamente dicha, aunque se hable de "Prólogo", pues en ese primer corte de la novela, la niña —siempre se habla de "niña", aunque tiene doce años— acaba de desaparecer. Bueno, sobre esto de los inicios podríamos debatir, pero es una cuestión más de gustos que de otra cosa. Con todo, para mí hay un problema: no llegas a conocer a la niña y cuesta más empatizar con ella. En fin, que el señor Fitzek no se anda por las ramas (y ya os adelanto que en la novela no hay ni grandes descripciones ni conversaciones filosóficas), metiéndonos rápidamente en la acción de la novela. ¿La Gran Novela Europea? ¡¿Para qué?! ¡Acción! ¡Suspense! ¡Intriga!

Después de mi desvarío, sigamos. Pues bien, con el paso de los capítulos (cortos o muy cortos), la trama se va liando. Vamos, se podría decir que el autor se pone a tirar cabos a diestro y siniestro (incluyendo giros de guión). ¿Objetivo? Bueno, que el lector se mantenga enganchado y alerta. El problema es que lanzar muchos cabos dificulta cerrar la novela de forma redonda (apúntate esa, Fitzek). Es más, en mi caso —ya sé que soy un lector raro— me echa un poco para atrás. Demasiado lío, demasiado rollo... demasiado pretencioso. O sea, en realidad yo iba diciendo "¡Venga ya! ¿Y qué más?" y casi que mis ganas de seguir leyendo iban a menos. Repito: no soy un lector medio, pues seguro que el lector medio leerá el libro con una brutal voracidad (en mi caso, algún día ni he leído). El caso es que tanto lía la trama el señor Fitzek que llegó un momento en el que pensé algo así como "Esto solo puede acabar de una manera". A no ser, claro, que el autor se sacara de la manga que todo estaba sucediendo en otra dimensión o algo así. Todo es posible con la ayuda del hachís, el LSD o la Amanita muscaria.

Por otra parte, me han enervado varias cosas. Una de ellas es que haya muchos capítulos que acaben con 'anzuelo', en plan "... por desgracia, Viktor aún no era consciente de lo que ocurriría inmediatamente después" (ejemplo inventado). No, joder, Fitzek, cúrratelo un poco más. Ya sé que es tu primera novela, pero ya tenías una edad cuando la escribiste. No sé, a ver, esos ''''trucos'''' de principante... En fin, cosas mías. Por otra parte, los pensamientos del protagonista se me han hecho un poco cansinos, además de que tendían a parecerme un tanto artificiosos, artificiales, impostados. También me ha tocado un poco los coj... lo de la isla y, hago un pequeño spoiler, que justamente haya una tormenta -o un temporal- de la hostia cuando nuestro protagonista está allí. Naaada típico, naaada pretencioso. En otro orden cosas, y ojo al posible spoiler, se me ha asemejado mucho a una novela de otro autor. Vamos, tanto es así que, a mi juicio, roza el plagio ("influencia", dirán...). Por cierto, también huele un poco a la novela Rebeca/Rebecca de Daphne du Maurier (recomendable, por cierto), cuya adaptación cinematográfica —dirigida por Alfred Hitchcock— es notablemente conocida y laureada (yo creo que no está a la altura de la novela, pero bueno).

Con todo, llegamos a un final un tanto torpe. Podría decir que es muy predecible (y manido y facilón), pero no me atrevo, porque parece que la gente, en general, no se lo olía. Como decía, yo no veía otra posibilidad mínimente razanoble llegado a un cierto punto de la novela. De todos modos, es verdad que el autor le da cierto giro de tuerca a ese final, pero no me ha parecido brillante. Y es más, creo que incluso desestabiliza algo el final, y puedes pensar algo en plan "Pero entonces cómo es que...". A mi juicio deja algún cabo abierto (cómo para atar todos los cabos de la novela...). También hay que destacar que, por decirlo de alguna manera, hay una especie de posfinal. Es en este último caso, decir que no me lo esperaba, la verdad, aunque me ha parecido un tanto chorra. No sé, tampoco es que aporte gran cosa. Es algo que se ha sacado de la manga el autor, pero tampoco creo que hubiese mucha necesidad. O sea, un poco como lo que acabo de comentar sobre el final. Vamos, sería un 'ni fu ni fa' si no fuera porque creo que (también) desestabiliza algo la historia, haciéndola algo más inverosímil.

En fin, lo dicho, creo que el autor lía demasiado la trama, dejando la novela vista para sentencia bastante pronto. Joder, Fitzek, solo te faltó colar un invasión alienígena por ahí. ¿Lo pensaste? El final 'con triple tirabuzón' parece marca de la casa teniendo en cuenta toda la trama. ¿Un final facilón —a mi juicio— para dar por buena una deliverada trama cada vez más enrebesada? Pues no todo vale, Fitzek.

A mi juicio, estamos ante un típico caso de literatura comercial, condón, que no vale mucho, que no va más allá, que no pasará a la historia. Es decir, un caso similar al de La chica del tren (Paula Hawkins). Por cierto, curiosamente, ambos libros son las operas primas de dos periodistas. En todo caso, como con la novela de la escritora británica, tampoco soy capaz de aprobar Terapia. Quizá le podría poner un 4, pero en 5 me resulta demasiado benevolente. Sé que es un nota poco popular, porque la mayoría le pondría entre un 8 y un 10, pero... En fin, cada uno es como es, y así debe seguir siendo.

jueves, 2 de febrero de 2017

'La víctima callada' - John Sandford

[Por fin vuelvo a publicar en este humilde blog. Podría haber traído alguna cosilla antes de retomar el blog con esta crítica/reseña, pero no me ha aparecido oportuno].

En esta entrada hablaré de la novela La víctima callada (Silent Prey, 1992), del escritor estadounidense John Sandford (n. 1942). Antes de nada, decir que se trata de la cuarta novela protagonizada por el detective Lucas Davenport... y la segunda que tiene al (psicópata) doctor Bekker como eje principal (más allá del detective Daverport, claro). Así pues, está bien leer las tres novelas anteriores de la saga antes de ponerse con esta, y sobre todo leer la inmediatamente anterior: Los ojos de la víctima (Eyes of Prey, 1991). De todos modos, se puede leer perfectamente sin haber leído ninguna de las novelas anteriores, incluso sin haber leído esa tercera entrega de la saga (aunque recomiendo leerla).

SINOPSIS:
Bekker ha vuelto. Varios cadáveres que llevan su sello particular: cuerpos sometidos a todo tipo de mutilaciones… Mientras, desde las páginas de algunos periódicos arrecian los delirantes artículos del propio Bekker, empeñado en demostrar a la comunidad científica que es posible llegar a comprender el misterio de la muerte. Pero aquellos no son los únicos asesinatos con los que tiene que vérselas la policía de Manhattan, pues a ellos se les suma otra serie de muertes, perpetradas por un no menos enfermizo Robin Hood decidido a limpiar la ciudad de indeseables...

Bekker. Otra vez el psicópata del doctor Michael Bekker. Pero nos encontramos con un Bekker distinto, un Bekker incluso más desatado e ido que el que nos encontramos en Los ojos de la víctima. Ahora bien, creo que el personaje pierde algo de fuerza respecto a la entrega anterior. No sé, me parece un Bekker más sobrio, y sus acciones no transmiten tanto interés. Se puede pensar lo obvio: el personaje ya está algo gastado y bla-bla-bla. Bueno, es una posibilidad, pero no creo que sea tanto eso como que el autor, en esta entrega, no ha sabido darle cierto golpe de efecto. Quizá también hay otro quid de la cuestión, pues creo que esta novela, a diferencia de la anterior, se centra más en la policía que en Bekker. Y personalmente, en este tipo de novelas, casi me interesa más el asesino que la investigación policial.

Por otra parte, la investigación policial no se centra solo en Bekker, sino también en los asesinatos perpetrados por ese alguien al que llaman Robin Hood —no acabo de entender ese nombre, pero bueno— que está acabando con los maleantes neoyorquinos. Aquí el autor nos mete en ese trillado dilema —quizá no tanto en 1992— de si es lo suyo matar a un violador/asesino o no. La verdad es que esa cuestión me interesa muy poco, pero habrá a quien le parezca un eje interesante. A partir de ahí, pues no sé, me interesa poco quien esté matando a los maleantes neoyorquinos; y básicamente por eso, porque me interesa poco si están matando o no a un violador o un asesino... del que tampoco sabemos gran cosa. No sé, me parece que esos asesinatos —y esa trama en sí misma— quedan demasiado distantes del lector.

Con todo, el eje que representa el detective Davenport me ha parecido lo suficientemente bueno, fuerte y sólido como para que la novela esté lejos de hacer aguas. No sé, creo que es un personaje que tiene suficiente carisma como para llevar el peso de una novela. A mi juicio, sus idas y venidas y dimes y dirites con las mujeres resultan bastante interesantes. En el caso de La víctima callada, Davenport 'se mueve' un poco entre dos mujeres y se hace difícil saber hacia dónde va a ir su vida sexual y sentimental. Bueno, es como un extra que tiene la novela. Un extra, por otro lado, un poco obligado al ser una saga literaria que gira entorno al propio Lucas Davenport.

Además, la buena mano de John Sandford, una vez más, resulta notablemente complaciente y efectiva (desde cierta sobriedad). Sabe contarnos las cosas, sabe llevarlas, y sabe guiarnos. Es un gran escritor, sin duda, y de esos que además saben manejar muy bien la intriga. Sin duda, un maestro de la novela negra (aunque, lamentablemente, poco popular en España).

En cuanto algunos detalles de la novela, decir que hay alguna cosa que me ha resultado un poco chocante, en plan de decir "¡¿Pero cómo no...?!", sobre todo en cuanto a la investigación criminal... Pero claro, yo soy de la generación del C.S.I. y demás, y estamos hablando de una novela que vio la luz en 1992, cuando digamos que los ordenadores empezaban a ser ordinarios (de hecho, a diferencia de la anterior novela, los ordenadores tienen bastante peso en esta obra). Entonces, bueno, hay que tener claro que uno está leyendo una novela escrita hace un cuarto de siglo. Por otra parte, aunque es un detalle casi insignificante, me ha enervado un poco el hecho de que se abuse de "Jesús" (sobre todo), "Cristo" o "Jesucristo" a modo de interjección. No sé, métele un "Joder", ¿no? Pero bueno, quizá también tenga que ver con aquella época.

Con todo, para mi gusto, creo que La víctima callada es algo más floja —y diría que menos sórdida y oscura— que Los ojos de la víctima. Quizá se podría decir que tiene una atmosfera menos potente y perturbadora. Aún así, me atrevo a decir que también es muy buena. Sin que sirva de precedente, estoy bastante de acuerdo con las notas que los lectores les han puesto en GoodReads (a 2 de febrero de 2017): medias de 4,18 sobre 5 en el caso de Los ojos de la víctima (Eyes of Prey) y de 4,13 en el caso de La víctima callada (Silent Prey).

Por cierto, para los que hayáis leído Los ojos de la víctima y luego La víctima callada: ¿no habéis echado de menos a Hermosura? Entiendo que no aparezca, pero...

lunes, 12 de diciembre de 2016

'No hay cuervos' - John Hart


En esta entrada os voy a hablar de la novela No hay cuervos (The last child, originalmente), del escritor estadounidense John Hart. La verdad es que la traducción del título tiene su qué. Está claro que no es una traducción literal del título original ni tiene aroma a éste. Es decir: para mí, cagada. Pero, por otra parte, el título que le dan en la traducción me parece bastante acertado teniendo en cuenta el cuerpo de la novela. Bueno, quizá el autor debería haber titulado el libro There aren't crows y no The last child. En todo caso, estamos ante una novela con una crítica notable (incluyendo haber obtenido varios premios). Así que no me podía resistir a leerla.


SINOPSIS (vía quelibroleo.com):
Con trece años, Johnny Merrimon tiene que enfrentarse a situaciones que ningún chico de su edad debería afrontar. En el año transcurrido desde la desaparición de su hermana melliza, Alyssa, su mundo se ha venido abajo: su padre les ha dejado y su frágil madre se encuentra inmersa en una espiral de autodestrucción. Pero Johnny se mantiene fuerte. Provisto de un mapa, una bicicleta y una linterna, acecha a todo hombre fichado por abusos en el Condado de Raven. La policía puede que haya renunciado a encontrar a Alyssa, pero él nunca lo hará. Alguien, en algún lugar, sabe algo y lo está ocultando... Solo una persona se preocupa por Johnny: el detective Clyde Hunt, que comparte su obsesión por el caso.

*** Nota: No he copiado toda la sinopsis porque creo que cuenta más de lo que debería contar (suele pasar).

 

Ahora, ¡a diseccionar la novela!

Con una prosa ágil, eficaz y poco recargada, nos trasladamos al corazón de Carolina del Norte, relativamente cerca de la costa oriental/atlántica de EE.UU. Hay que recordar que Carolina del Norte fue uno de los estados confederados/esclavistas. Y puedo decir que los ecos de ese pasado están bastante presentes a lo largo de la novela. También hay cierto espacio para ritos tradicionales y convicciones religiosas que nos ayudan —aún más— a trasladarnos a esa América Profunda.

Y nos trasladamos de la mano de los dos personajes principales (los que se mencionan en la sinopsis, claro): Johnny Merrimon (chico de trece años) y Clyde Hunt (detective de mediana edad). A diferencia de otras novelas, estos dos protagonistas no son antagónicos ni nada por el estilo. Es verdad que hay cierto enfrentamiento entre ambos, pero digamos que también hay un respeto recíproco. Y los dos tienen una obsesión: encontrar a Alyssa Merrimon, la hermana melliza de Johnny, desaparecida hace un año.

Johnny es un ¿pre?adolescente/muchacho fuerte, decidido, maduro, de fuertes convicciones... Su obsesión por dar con Alyssa —y recuperar la vida que antes tenía— le ha llevado lejos, muy lejos. Va por ahí (no importa dónde), cogiendo cosas, quemándolas... a modo de ritual (esa América Profunda...). Y, como se comenta en la sinopsis, también tiene constancia de todos los pederestas de la zona (¿hay un listado público o qué?). Incluso conoce sus hábitos. No le importa coger la vieja camioneta de su madre -luego hablaré sobre esto- y hacer lo que tiene que hacer (esto es algo que viene a decir varias veces a lo largo de la novela). Vamos, que va a su rollo, comportándose como un adulto. Y la verdad, todo es un poco inverosímil. No sé, que conduzca con trece años como si nada, que los Servicios Sociales no acaben de tomar ninguna decisión... Está claro que el detective Hunt le protege, pero aún así... Y hablando de eso, el chaval parece mejor detective que el propio Clyde Hunt. Por otro parte, decir que Johnny está un poco 'peleado' con Dios (por ahí, de hecho, digamos que hay un hilo argumental). Bueno, es normal; un año después de la desaparición de Alyssa, su familia sigue rota, pese a que le rezaba a Dios para que dejara de estarlo. Con todo, un personaje bastante bien perfilado, interesante y con el que, de algún modo, es fácil conectar.

Sobre el detective Clyde Hunt, decir que también me ha parecido un personaje interesante y, dicho sea de paso, más creíble que el de Johnny. Ahora bien, me temo que es demasiado 'creíble'. A ver, quiero decir que no tiene más garra que otros muchos policías de ficción (luego menciono alguno). No hay un golpe de efecto en su personalidad. A mi juicio y si no me olvido de nada, no hay nada en él que le lleve más allá de un personaje un tanto plano. No digo que el personaje no esté bien dibujado y tal y cual, pero quizá no tiene el carisma suficiente para ser un personaje para recordar. Como decía, parece cortado por un patrón muy similar al de otros policías/detectives de ficción. Un ejemplo podría ser Sean Devine, de la novela de Dennis Lehane Mystic River (Kevin Bacon le da vida en la película). Sin embargo, el ejemplo más claro que se me ocurre es el de Lucas Davenport, que lleva el peso de numerosas novelas de John Sandford. Son detectives solteros ('ella se fue...'), obsesionados con los casos (un detective es detective todo el día y todo los días), de poco dormir, de beber whisky de vez en cuando, un tanto asociales y con malas relaciones (con exparejas, superiores, etc.), etc. Pero no sé, aún así, creo que el detective Clyde Hunt no llega a tener el punto que tienen los otros dos (ya digo, a mi juicio). Pese a ello, como con Johnny, es fácil conectar con él.

Luego hay otros personajes que tienen bastante importancia en la novela. Por no hacerme demasiado pesado, hablaré de dos. Uno es, claro, Katherine Merrimon, la madre de Johnny. Es una mujer joven, extremadamente bella/atractiva, pero presa de las drogas y de un odioso buitre —con perdón para dicho animal— llamado Ken Holloway (rico; metió a Katherine en el mundo de las drogas, la maltrata, etc.). Katherine, por supuesto, no ha superado la desaparición de su hija... ni la de su marido. Parece que él se fue porque ella le echó la culpa de la desaparició de Alyssa (Johnny se lo recrimina). Por supuesto, no tiene la fortaleza de su hijo (incluso él la odia por ello; por otro lado, la quiere mucho). También tiene una relación bastante... cercana con el destective Hunt (diré que es más cosa de él que de ella).

El otro personaje que quería comentar es el de Jack, el amigo de Johnny. Bueno, es un muchacho más o menos normal en muchos aspectos... aunque un tanto maltratado por la vida (tiene un brazo lisiado, etc.). El personaje no tiene la fuerza que tiene Johnny, pero es lógico. Con todo, un personaje un poco insulso pero que cumple su función a lo largo de la novela. Por supuesto, hay más personajes más o menos importantes en la novela (uno algo paria/odioso, otro un tanto exótico, alguno que otro que hace su función en la novela sin mucho ruido...), pero tampoco quiero alargarme mucho ni destripar nada.

Hablando de personajes... Sí quiero apuntar una cosa. Una de las cosas que no me ha gustado de la novela es que, por un lado, hay cierto reduccionismo en el círculo de personajes. Hay demasiada relación entre ellos (no entre todos, pero casi). Y yo entiendo que es una ciudad pequeña, pero... Por ejemplo, me ha chirriado un poco el entorno de Jack, el amigo de Johnny. ¿Por qué? Pues porque su padre es policía y, por supuesto, trabaja con/para el detective Hunt y su hermano es amigo del hijo de éste (el detective Hunt). No sé, como demasiada casualidad, ¿no? Bueno, es algo similar al círculo de personajes que se nos presenta en la ya mencionada —y magnífica— Mystic River, pero en ese caso me parecía menos artificial (la historia se forja a partir de eso precisamente).

Con todo, la novela es de esas agradecidas. Cumple perfectamente su función de entretener. De hecho, engancha bastante. Quizá es un poco irregular, pero tampoco es que se venga abajo (sigue transmitiendo tensión, etc.). Cuenta con algún giro o golpe de efecto más o menos interesante e impredecible, pero no creo que en general sean muy impactantes -quizá sí alguno de ellos- ni brillantes. En fin, se trata de una novela policiaca/negra bastante típica. Sobre todo quizá dentro de las made in USA.


Por desgracia, a lo largo de la novela también hay lugar para alguna leve contradicción. Por ejemplo, se habla indistintamente de "víbora" y de "culebra". A ver, son dos cosas diferentes (por los ojos las conocerás). Claro que no sé si es cosa del escritor o de la traducción. En todo caso, aviso a navegantes.

Sobre el final (me refiero a cuando se esclarece todo)... pues... bueno, digamos que está bastante al nivel del desarrollo de la novela. Es decir, me parece que está bien sin llegar a ser brillante. Yo creo que es bastante impredecible sin que digas: "Joder con lo que se ha sacado de la manga el listo este". O sea, que bien por ahí. Pero, por otro lado, creo que un poco sobrio, frío, anodino... En fin, como decía, no me parece brillante. Por otra parte, después de que se esclarezca todo, hay una especie de epílogo (son las últimas páginas del libro, claro). En él hay cierto guiño religioso, hablando un poco de si milagro o no y tal y cual... Y bueno, no me ha gustado. No sé, me ha parecido bastante americano, pero... no sé, creo que no venía a cuento. De hecho, el detective Hunt le dice algo a Johnny que me parece un tanto repulsivo (no lo aclaro por no destripar nada). Quizá sepáis a qué me refiero si habéis leído o leéis el libro (esa conversación final...), y si no podéis preguntármelo por privado.

¿Mi nota? Pues diré, a bote pronto, que entre un 7 y un 7,5. Me ha sorprendido que en varias páginas tiene una nota superior a la que le doy yo, pero sobre todo porque es superior a la que se le da a novelas como Mystic River o Cualquier otro día (ambas de Dennis Lehane), y que yo creo que son superiores (más complejas y brillantes). Pero en fin, quizá tenga que ver con el hecho de que No hay cuervos tenga un menor número de valoraciones. Y/O quizá también con un tema de gustos. Ya sabéis: para gustos, ¡los colores! En todo caso, y creo que está claro, me ha parecido una buena novela (no brillante) y, por supuesto, la recomiendo. [Y yo que pensaba que no tenía mucho que contar de la novela...].

jueves, 3 de noviembre de 2016

'La chica del tren' - Paula Hawkins


Hoy os voy a hablar de un libro del que seguro que no habéis oído hablar: La chica del tren (2015), de la británica Paula Hawkins (nacida en Zimbabue/Zimbabwe en 1972).


SINOPSIS (fuente: quelibroleo.com):
Rachel toma siempre el tren de las 8.04 h. Cada mañana lo mismo: el mismo paisaje, las mismas casas… y la misma parada en la señal roja. Son solo unos segundos, pero le permiten observar a una pareja desayunando tranquilamente en su terraza. Siente que los conoce y se inventa unos nombres para ellos: Jess y Jason. Su vida es perfecta, no como la suya. Pero un día ve algo. Sucede muy deprisa, pero es suficiente. ¿Y si Jess y Jason no son tan felices como ella cree? ¿Y si nada es lo que parece? Tú no la conoces. Ella a ti, sí.


Bueno, primero de todo, decir que, por la sinopsis, yo me esperaba otra cosa. No sé, algo más elaborado, complejo y original. Pero ya os puedo adelantar que es un thriller bastante típico. Así que yo os recomendaría no empezar a leer el libro con grandes expectitavas. O, directamente, no comenzar a leerlo.

Bien, más allá de eso, llama un poco la atención el modo en el que está escrito (quizá genera confusión al principio, al haber tres voces). Es una especie de estilo epistolar, rollo diario, pero te acabas dando cuenta que las protagonistas -las narradoras son tres mujeres jóvenes- llegan a narrar las cosas según va ocurriendo. Es decir, algo así (ejemplo inventado): "Hace un hora, en casa, me sentía fatal; tenía que salir. Ahora estoy en un barrio al este de Londres, rodeada de gente que solo tiene el próposito de llegar a casa o algún pub." Cae por su propio peso: este tipo de narración, aplicado a la vida real, no tiene ningún sentido. Alguien no le va contando su vida al viento mientras ésta se desarrolla. "Me acabo de caer de la bici, estoy sangrando, llevo mi mano a la herida...". ¿A quién coño se lo estás contando? Llamadme cuadriculado, pero no tiene sentido. De todas formas, bueno, es literatura, todo puede ser... Pero joder, no sé, parece un estilo facilón y probablemente también pretencioso. Aunque tampoco es que sea una novela mal escrita -ni brillamentemente-, que quede claro.

Yo el libro lo interpreto un poco como una oda a los perdedores/vencidos. En ese sentido, la novela me recuerda mucho a la novela corta La Entrega, del gran Dennis Lehane (un escritor que le da mi vueltas a Paula Hawkins, aunque precisamente esa no sea una novela especialmente brillante). El caso es que los protagonistas no tienen una vida demasiado fácil, excitante y/o agradable. Y lo malo es que yo no me he sentido muy alineado con ellos (o más bien ellas). No sé, sus compartamientos o vidas no me han mecido o arrastrado. Además, las tres protas parecen casi cortadas con el mismo patrón. Se echa de menos más trabajo en cuanto a la creación de las protagonistas... o quizá es que la autora no es capaz de hacerlo mejor. Pero vamos, les falta profundidad psicológica. Incluso, a mi juicio, resultan un tanto odios@s (no solo las tres protas).

Eso sí, hay que destacar que hay bastante sentimentalismo en la novela. Particularme, a mí, como hombre notablemente sensiblón y tal, pues eso me gusta y me remueve bastante. Aún así, diría que es un sentimentalismo barato. Y, por otra parte, al no acabar de meterme en la historia o en la piel de las protas... pues tampoco vale para mucho. Si no sois como yo (personas sensiblonas, románticas y tal), ya os puedo adelantar que es probable que tengáis ganas de tirar el libro a la basura.

[Ojo, aquí puede llegar algún spoiler]

La narración —un tanto sobria— va desarrollándose a un ritmo lento, demasiado lento. Borrachera por aquí... borrachera por allá (una de las protas, y digamos que la principal, es alcohólica). Estamos en esto cuando la autora, ni corta ni perezosa, se saca de la manga a un personaje (y casi podemos decir que dos) para confundirnos un poco. Todo un cliché del género. ¿Hay más? ¡Claro! La típica ocultación de información relevante. Las protragonistas nos cuentan todo sobre su vida a excepción de, curiosamanete, algo relevante en cuanto al eje de la trama (algo sí nos cuenta en ese sentido, pero lo justo...). Bueno, no digo a qué me refiero por no hacer un gran spoiler. Pero es que... ¡es una orgía de clichés! Y es que este thiller es ¡lo de siempre! (en novelas negras, o thillers, que toman el camino fácil). Por supuesto, las protas no parecen enterarse de mucho de lo que pasa a su alrededor. Pero ojo a lo que tiene que ver con la investigación policial (quienes parecen tener menos luces que un triciclo infantil): nadie ve nada (¿no han buscado testigos?), a excepción de una de la Prota Nº1, pero, por supuesto, ¡iba borracha!; el resgistro de cierta casa no parece haberse hecho muy bien (por algo del final...); no hay cámaras en ningún lado o eso parece; en X sitio hay ADN insuficiente (¡vaya, por Dios!); en un lugar importante, y terroso, no hay roderas de coches (debería haberlas, y lo dejo aquí), o quizá no las han buscado o yo qué sé. No sé, quizá la señorita Hawkings no tiene una buena opinión de la policía... '¿Esos que van de uniforme? ¡Bah, no valen para nada!' Pero, en todo caso, todo muy casual y normal, ¿verdad? Bueno, no voy a contar nada más, no quiero pasarme de listo, pero creo que ya he destapado bastante la genialidad de este thriller. Una obra maestra, absolutamente.

Y todo para llevarnos a un final imPREVISIBLE. O sea, aclaro: a todas luces, la intención de la autora es que el final sea imprevisible. Pero, amiga, conmigo no lo conseguiste (y me consta que tampoco con much@s otr@s). Quien, como yo, se haya tragado un montón de telefilmes/thrillers baratos de esos que emiten en Antena 3, ya se imaginará el final. Simplemente porque es el típico final de aires... ¿imPREVISIBLES? Quizá ese final podría haber tenido su qué hace muchas décadas (ahí está Psicosis, esa película de Alfred Hitchcock tan sobrevalorada), pero estamos en el siglo XXI. Esos finales están más vistos que el tebeo. Srta. Hawkings, ¿es que no pensó en ello? Total, que es lo típico: intentas ir de guay, de ser capaz de crear una historia imprevisible... y se te gira en contra totalmente. En fin, en ese sentido, por esa poco inteligente trama (esas casualidades...) y ese final previsible y a la vez patético, me recuerda a la película El ilusionista (protagonizada por Edward Norton). ¡Oh, qué sorpresa tan sorpresiva! Tú esperas que no hayan intentado jugar contigo, follarse así la trama para esto... y, ni cortos ni perezos, lo hacen. Por favor, un Nobel, un Pulitzer, un Oscar, ¡un algo para estos genios! No, en serio, me ha hecho gracia leer en algún sitio que "nada es lo que parece" (otro cliché). No, qué va...

Pese a ello, bueno, la novela puede resultar más o menos entretenida (cuestión de gustos, exigencias, etc.).

Por otro lado, aunque no se comente mucho, hay mucho machismo en la novela. Parte de él es muy explícito —así que poco que decir— pero otro está 'disfrazado'. Aún así, joder, la trama lo va destilando y destilando. No sé si la autora es machista o quizá es que el 90% de l@s ingleses lo son, pero... No sé, es un poco en plan: "Quiero que sea feliz; ¡voy a chupársela!" o "Ven, guapa, y chupa". Al hilo de lo que decía, no tiene por qué ser apología del machismo sino que quizá solo cuenta una realidad. O quizá son ambas cosas, yo qué sé.

Resumiento, estamos ante un buen ejemplo de literatura condón; de usar y tirar. Un libro de esos que te hace reflexionar... Sí, te preguntas si la escritora tiene el talento de un cenicero o es que ha tenido un 'mal día'. Pero, en fin... marketing is marketing. ¿Libro recomendable? Ya sabéis que no... Pero bueno, sí se lo recomendaría a personas sensiblonas y no demasiado exigentes (que quieran pasar el rato sin más, ¿del mismo modo que ven Gran Hermano?). No para el resto. ¿Mi nota? un 4. Por cierto, la película no la he visto. ¿A que no adivináis si la voy a ir a ver?